2. JUSTIFICACIÓN

 

Dentro del marco de la Reforma del sistema educativo español, Ley Orgánica 1/1.990 de Ordenación General del Sistema Educativo (L.O.G.S.E.), se establece que la tutoría y la orientación de los alumnos formarán parte de la función docente, por lo que la figura del tutor adquiere nuevos matices y actuaciones. A través de su trabajo se hacen efectivos aspectos orientativos del alumno tales como la promoción escolar, la relación con la familia y su contexto social y escolar, y el desarrollo de sus valores más peculiares.

En el Libro Blanco del Sistema Educativo se propone un modelo de orientación escolar, en el que se garantiza el derecho del alumno a esa orientación, que tendrá que concretarse en el conjunto de servicios y actividades que se ofrecen desde y en el sistema educativo, teniendo el principal desarrollo en el ejercicio de la función tutorial.

El objetivo de la acción tutorial es el de optimizar el rendimiento de la enseñanza a través de una ayuda adecuada al alumno, a lo largo de su avance por el sistema educativo, dando respuesta a la atención de la diversidad.

Se constituye, pues, la acción tutorial como un elemento inherente a la actividad docente en el marco de un concepto integral de la educación. Entraña una relación individualizada en la estructura dinámica de sus actitudes, aptitudes, motivaciones, intereses y conocimientos.

En el Diccionario de la Real Academia Española (1.992) se indica que la autoridad del tutor es la potestad o la facultad de una persona, el tutor, para guiar, amparar, proteger y defender a otra persona.

En el contexto escolar adquiere una significación pedagógica, referida a la función del profesor como guía y orientador en todo lo relacionado con el centro, y a las actividades del proceso de enseñanza-aprendizaje que tienen lugar en él, con el objetivo de lograr el pleno desarrollo de cada uno de ellos. Se trata, pues, de realizar una función personalizadora de las actuaciones pedagógicas que se desarrollan en un contexto escolar estructurado en objetivos y contenidos, y desarrollado por diferentes profesores y con diferentes métodos. Todo profesor debe sentirse tutor, si bien algunos asumen tareas explícitas de tutoría. Por ello se plantea la conveniencia de que cada grupo de alumnos cuente con un profesor que asuma la responsabilidad de desarrollar ese cometido.

La tutoría se vincula a la acción orientadora que un docente realiza con un grupo de alumnos, de tal manera que el profesor-tutor “es el que se encarga del desarrollo, maduración, orientación y aprendizaje de un grupo de alumnos a él encomendado; conoce, y tiene en cuenta, el medio escolar, familiar y ambiental, en que viven, y procura potenciar su desarrollo integral” (Ortega).

Las diversas definiciones de la tutoría resaltan que es una actividad inherente a la función del profesor, que se puede realizar de modo individual o colectivo, y que es un medio eficaz para intervenir en el proceso educativo.

Al desarrollar la función tutorial se deben tener en cuenta dos variables determinantes en la elección del modo de actuar: las actividades a realizar y las personas que las llevan a cabo.

Atendiendo al tipo de actividades podemos observar un continuum entre aquellas de carácter mecánico y burocrático, que se plasman en cubrir expedientes, solicitar las notas del alumnado y firmar los libros de escolaridad; y aquellas actividades que suponen una intervención orientadora, como recabar información sobre capacidades y contextos, desarrollar programas de intervención educativa y participar en el desarrollo personal y de adaptación del alumno.

Si tenemos en cuenta a las personas que lo llevan a cabo, los roles son tan distintos que van desde el hecho de que se conceptualice que es función de una sola persona, el tutor, hasta el de que es de un equipo de docentes que intervienen en el proceso educativo de los alumnos.

La tutoría, la función tutorial, es responsabilidad de toda la comunidad educativa, aunque se responsabilice de ello a los docentes encargados directamente de desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos. Desde esta óptica se debe de apostar por un desarrollo global en el que todo el profesorado se responsabilice en la acción tutorial; el centro tiene que ser partícipe de esa función orientadora, aunque cada grupo de alumnos tenga un tutor que coordine los esfuerzos orientadores, y dinamice la acción tutorial. Para ello es determinante la opción del perfil que ha de tener el tutor, pues este debe de aglutinar los esfuerzos de todo el equipo docente, impulsar el desarrollo de actividades tutoriales y orientadoras, y servir de enlace entre el proceso educativo y la actuación concreta en su grupo-clase y mediar entre el alumnado, el centro y las familias.

Hay que huir de un modelo burocrático, y apostar decididamente por una intervención dinámica, verdaderamente orientadora, en la que los programas y las actividades tutoriales ayuden al desarrollo personal y social del individuo.

La tutoría se constituye así en un momento especialmente privilegiado para desarrollar sistemáticamente los aspectos transversales del curriculum, especialmente la resolución pacífica de los conflictos escolares.

Características de la función tutorial

Las características de la acción tutorial y del proceso de orientación serán:

– La continuidad, desde las primeras edades, que permita la prevención y la detección temprana de las dificultades del desarrollo personal y el seguimiento ininterrumpido de la evolución del aprendizaje.

– La atención a las peculiaridades del alumnado.

– La capacitación para la auto-orientación, desarrollando una capacidad y actitud práctica en la toma de decisiones.

– La atención dirigida a todos los alumnos y en todos los niveles educativos.

– La atención progresiva a los diversos momentos madurativos y educativos de los alumnos.

– La coordinación entre las distintas personas e instituciones que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

– La adecuación necesaria a los diferentes agentes implicados.

– La priorización y adaptación a las necesidades y contextos concretos.

– La acción tutorial debe quedar incorporada e integrada en el ejercicio de la función docente, realizada con criterios de responsabilidad compartida y de cooperación en el marco del proyecto curricular y en el trabajo del equipo docente.

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